Año 1977
Año 1977
Ese día de agosto de 1977 había amanecido exóticamente lluvioso.
La neblina que las gotas de lluvia provocaban en los cristales le puso de mal humor, un humor de perros, le dolía la cabeza asquerosamente, pero eso no era lo peor, la acidez de su estómago le volvía de nuevo a molestar de un modo sangrante y doloroso.
La vaguedad de los recuerdos de la noche pasada le atormentaban sobremanera. Demasiado alcohol, demasiado, y ahora sobrio y lúcido pero resacoso se preguntaba donde diablos estaba.
Aquella no era la habitación de su casa.
Se incorporó en la cama y al hacerlo le estalló la cabeza cual granada de mortero en campo de batalla, a la vez que se llevaba las dos manos a la testa para mitigar el dolor. Se juró por enésima vez que jamás volvería a beber. Ahora lo que más necesitaba era tomarse un par de aspirinas y un café bien cargado, aunque pensándole bien, quizá esas sustancias hubiesen sido las culpables de su amago de ulcera estomacal, de su acidez y lo que necesitase realmente fuese un sobrecito de sales, pero aquella no era su habitación y no sabía donde buscar.
Llevaba puesta la misma ropa de la noche anterior y un acto reflejo, intuitivo, ¡su dinero!, le hizo llevarse la mano al interior de su chaqueta y sacar su cartera de cuero, ¿le habrían robado? . Recordaba que ese día había cobrado la nómina y llevaba encima gran parte de la paga, todo en billetes verdes de mil pesetas. Cosa curiosa, aquella no era su cartera.
La lluvia había dejado de golpear los cristales.
La abrió y encontró unos extraños billetes, era papel moneda, no había duda, pero con raros caracteres en los que se podía leer la palabra Euro.
Le dolía una atrocidad la sesera y apenas le dejaba pensar.
Deben ser extranjeros, se dijo a sí mismo, pero no llegó a intuir de que país y abrió los bolsillos interiores, desde allá adentro una fotografía tipo carnet pegada a una tarjeta rosa le miraba. Carnet de Conducir.
En el adyacente compartimento, un minúsculo y reducido Carnet de Identidad reposaba del revés, preñado de letras que no era capaz de descifrar sin sus gafas. Con dedos trémulos, extrajo aquel mermado trozo de plástico y le dio la vuelta, una fotografía le sonreía.
- Necesito sales. Mi estómago. Duele. Juro que jamás volveré a beber ni tomar café. Lo juro -.
Volvió a mirar aquellas fotografías, no cabía duda alguna, era él, pero no, no lo era, aquella no era su cartera. Aquellas fotografías estaban trucadas, las habían retocado, le habían añadido arrugas y canas, pero decididamente era él.
Seguía sin recordar que había pasado la noche anterior.
En el rinconcito de su memoria que los vapores etílicos no atormentaban, se puso a reflexionar:
- Esto es una maldita broma de quien yo me sé, tiene gracia, pero como no me devuelva el dinero se va a acordar de quien soy yo, ese se acuerda, a mí quien me la hace la paga y mientras así cavilaba, observó la habitación y notó que sus gafas reposaban sobre la mesilla de noche, junto a un vaso de agua y una caja de aspirinas. Olvidó momentáneamente su registro, sacó dos pastillas de la caja y se las tragó con un largo sorbo de agua, después cogió las gafas, se las puso y reinició su labor detectivesca.
En los dos documentos figura su nombre, el número del DNI y la firma también eran las suyas, pero la dirección del domicilio que rezaba era la de otra provincia y otra calle de la que nunca había oído hablar y figuraba como fecha de expedición del carnet el año 2000.
Empezó a reirse, sólo fue un amago de risa, pues a la primera carcajada los sesos parecían querer salírsele de la cabeza. - Jodida Resaca, esta es la peor de mi vida, ha sido la última, si te portas bien y no dueles, te juro que no te vuelvo a maltratar más, cabezita mía, deja de atormentarme. Aaaah. chilló - Te lo juro .
La neblina de los cristales había desaparecido y un sol tenue se dejaba percibir.
Ya no estaba de mal humor, pero si dolorido y mucho. La broma aquella le estaba empezando a alegrar el día. Recordó su serie de televisión favorita, la que estaban emitiendo por la primera cadena, pues en el UHF , en la segunda cadena , apenas si ponían películas, lo más, documentales, era Espacio 1999 , una serie de ciencia ficción de la que se vanagloriaba ante sus amigos de ser un fan incondicional. Y claro, ahora le estaban gastando una broma con lo del año 2000.
Hizo cálculos, ni más ni menos que 23 años, desde ese 1977 en el que se hallaba hasta el 2000, el año de la broma, siempre había soñado como sería el nuevo siglo. Vaya borrachera más larga, de casi un cuarto de siglo, y se rió para sus adentros.
Broma que se acentuó al ver en otro compartimento un calendario, nada más y nada menos que del año 2004.
Ese día de agosto de 1977 había amanecido exóticamente lluvioso.
La neblina que las gotas de lluvia provocaban en los cristales le puso de mal humor, un humor de perros, le dolía la cabeza asquerosamente, pero eso no era lo peor, la acidez de su estómago le volvía de nuevo a molestar de un modo sangrante y doloroso.
La vaguedad de los recuerdos de la noche pasada le atormentaban sobremanera. Demasiado alcohol, demasiado, y ahora sobrio y lúcido pero resacoso se preguntaba donde diablos estaba.
Aquella no era la habitación de su casa.
Se incorporó en la cama y al hacerlo le estalló la cabeza cual granada de mortero en campo de batalla, a la vez que se llevaba las dos manos a la testa para mitigar el dolor. Se juró por enésima vez que jamás volvería a beber. Ahora lo que más necesitaba era tomarse un par de aspirinas y un café bien cargado, aunque pensándole bien, quizá esas sustancias hubiesen sido las culpables de su amago de ulcera estomacal, de su acidez y lo que necesitase realmente fuese un sobrecito de sales, pero aquella no era su habitación y no sabía donde buscar.
Llevaba puesta la misma ropa de la noche anterior y un acto reflejo, intuitivo, ¡su dinero!, le hizo llevarse la mano al interior de su chaqueta y sacar su cartera de cuero, ¿le habrían robado? . Recordaba que ese día había cobrado la nómina y llevaba encima gran parte de la paga, todo en billetes verdes de mil pesetas. Cosa curiosa, aquella no era su cartera.
La lluvia había dejado de golpear los cristales.
La abrió y encontró unos extraños billetes, era papel moneda, no había duda, pero con raros caracteres en los que se podía leer la palabra Euro.
Le dolía una atrocidad la sesera y apenas le dejaba pensar.
Deben ser extranjeros, se dijo a sí mismo, pero no llegó a intuir de que país y abrió los bolsillos interiores, desde allá adentro una fotografía tipo carnet pegada a una tarjeta rosa le miraba. Carnet de Conducir.
En el adyacente compartimento, un minúsculo y reducido Carnet de Identidad reposaba del revés, preñado de letras que no era capaz de descifrar sin sus gafas. Con dedos trémulos, extrajo aquel mermado trozo de plástico y le dio la vuelta, una fotografía le sonreía.
- Necesito sales. Mi estómago. Duele. Juro que jamás volveré a beber ni tomar café. Lo juro -.
Volvió a mirar aquellas fotografías, no cabía duda alguna, era él, pero no, no lo era, aquella no era su cartera. Aquellas fotografías estaban trucadas, las habían retocado, le habían añadido arrugas y canas, pero decididamente era él.
Seguía sin recordar que había pasado la noche anterior.
En el rinconcito de su memoria que los vapores etílicos no atormentaban, se puso a reflexionar:
- Esto es una maldita broma de quien yo me sé, tiene gracia, pero como no me devuelva el dinero se va a acordar de quien soy yo, ese se acuerda, a mí quien me la hace la paga y mientras así cavilaba, observó la habitación y notó que sus gafas reposaban sobre la mesilla de noche, junto a un vaso de agua y una caja de aspirinas. Olvidó momentáneamente su registro, sacó dos pastillas de la caja y se las tragó con un largo sorbo de agua, después cogió las gafas, se las puso y reinició su labor detectivesca.
En los dos documentos figura su nombre, el número del DNI y la firma también eran las suyas, pero la dirección del domicilio que rezaba era la de otra provincia y otra calle de la que nunca había oído hablar y figuraba como fecha de expedición del carnet el año 2000.
Empezó a reirse, sólo fue un amago de risa, pues a la primera carcajada los sesos parecían querer salírsele de la cabeza. - Jodida Resaca, esta es la peor de mi vida, ha sido la última, si te portas bien y no dueles, te juro que no te vuelvo a maltratar más, cabezita mía, deja de atormentarme. Aaaah. chilló - Te lo juro .
La neblina de los cristales había desaparecido y un sol tenue se dejaba percibir.
Ya no estaba de mal humor, pero si dolorido y mucho. La broma aquella le estaba empezando a alegrar el día. Recordó su serie de televisión favorita, la que estaban emitiendo por la primera cadena, pues en el UHF , en la segunda cadena , apenas si ponían películas, lo más, documentales, era Espacio 1999 , una serie de ciencia ficción de la que se vanagloriaba ante sus amigos de ser un fan incondicional. Y claro, ahora le estaban gastando una broma con lo del año 2000.
Hizo cálculos, ni más ni menos que 23 años, desde ese 1977 en el que se hallaba hasta el 2000, el año de la broma, siempre había soñado como sería el nuevo siglo. Vaya borrachera más larga, de casi un cuarto de siglo, y se rió para sus adentros.
Broma que se acentuó al ver en otro compartimento un calendario, nada más y nada menos que del año 2004.
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